La Ciencia Política mexicana y el Centro de Estudios Políticos
Enrique Suárez-Iñiguez
Al término de la Segunda Guerra Mundial, la ONU quiso fortalecer una comunidad de naciones que defendieran la paz y evitaran una nueva conflagración. Siguiendo lo que había dicho el presidente Franklin Roosevelt de que si queríamos que la civilización sobreviviera, deberíamos cultivar la ciencia de las relaciones humanas, se propuso asignar a las ciencias sociales la tarea de fomentar la amistad entre los pueblos, promoviendo el mutuo entendimiento. Se debían crear los funcionarios que representaran a sus países en los foros internacionales y los funcionarios que dirigieran sus países fortaleciendo las instituciones para que no se repitiera una nueva guerra. Con ese motivo la UNESCO preparó, en 1948, las bases para una conferencia internacional que se celebró en septiembre de 1949 y en donde se fundó la Asociación Internacional de Ciencia Política (IPSA). (Antes de ello sólo existían asociaciones nacionales en Estados Unidos 1903, Canadá 1913, Finlandia 1935, India 1938, China 1942 y Japón 1948.) La conferencia buscaba dos objetivos: la promoción de la paz mundial y el fortalecimiento del desarrollo intelectual de la ciencia política pues ya desde la preparación del congreso se había planteado la necesidad de que se desarrollaran enfoques, métodos, técnicas y terminología propios.
A la conferencia organizada por la UNESCO en 1949, la UNAM envió como su representante a Lucio Mendieta y Núñez, entonces director del Instituto de Investigaciones Sociales. A su regreso le propuso al Rector Luis Garrido la formación de una escuela de ciencias sociales basada en la London School of Economics and Political Science, el Institut d' Estudes Politiques de la Universidad de París y la Ecole de Sciences Politiques de la Universidad de Lovaina (sobre todo en ésta) y como resultado de ello fundó nuestra escuela en 1951 y nació así la ciencia política mexicana.
Al principio nuestra carrera tuvo una influencia del Derecho, disciplina de la que procedían muchos de sus profesores. Más tarde, en 1958, con Pablo González Casanova, se modificaron los planes de estudio dándoles un perfil más propio de las ciencias sociales, se enseñó estadística y se vinculó la ciencia política con la administración pública, pero como no había aún politólogos ni sociólogos se invitó a antropólogos e historiadores a impartir las materias. En 1967 se crea la División de Estudios de Posgrado y con ello se transforma en Facultad. Con las administraciones de Enrique González Pedrero y Víctor Flores Olea se va fortaleciendo la ciencia política, se crea una planta docente propia, con egresados de la Facultad y se vincula ésta con el exterior. Es cuando se dan los famosos cursos de invierno donde viene gente como Fromm, Gorz, Garaudi, Habsbaun, Horowitz, Löwy, Marcuse, Mandel, Sontag.
En 1971 se crea un nuevo plan de estudio y se fundan los centros de investigación con lo cual se da un salto cualitativo. El Centro de Estudios Políticos se conformó por jóvenes profesores y recién egresados, algunos de ciencia política, pero otros de sociología, relaciones internacionales, economía, comunicación, pues la carrera de ciencia política era entonces muy pequeña. Con la llegada de Gastón García Cantú a la coordinación del centro, este se convirtió realmente en un centro de investigación y él fundó, en 1975, la Revista de Estudios Políticos que publicó los primeros trabajos de los entonces miembros y de algunos invitados. La revista pretendía llenar un vacío en el país: realizar estudios políticos desde una perspectiva académica. La revista tiene ya 36 años de vida cuando otras han desaparecido del escenario de las publicaciones.
En el Centro de Relaciones Internacionales de El Colegio de México se había formado un grupo de investigadores que trataban problemas políticos y eran, fundamentalmente, sociólogos e historiadores. También en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM se investigaba el sistema político mexicano, pero la Facultad seguía siendo el centro de la ciencia política mexicana.
Para los años ochentas ya se enseñaba ciencia política en 16 universidades del país y la matrícula había crecido. De entonces para acá no ha dejado de crecer ni de fortalecerse. Si a principios de los sesentas el número de politólogos era muy reducido, hoy, el Centro de Estudios Políticos, por ejemplo, cuenta con una planta de 52 miembros, de los cuales 44 somos profesores de carrera, 37 doctores y 7 con maestría, 24 miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).
De los 52 miembros, 40 son politólogos por formación, sea por haber estudiado la licenciatura, la maestría o el doctorado en ciencia política y todos trabajan con las herramientas, enfoques y teorías propias de la ciencia política como disciplina autónoma. La ciencia política es una ciencia autónoma, distinta, diferenciada y distinguible de otras ciencias sociales. Esa conquista de autonomía ha sido paulatina y prácticamente inadvertida y para ello ha tenido que irse independizando:
1° Del Derecho
2° De otras ciencias sociales, en especial de la sociología.
3° De quienes fueron nuestros primeros profesores: abogados, historiadores, antropólogos, políticos prácticos, para ir formando poco a poco una planta docente propia.
4° De la administración pública. Esto aún no se ha logrado completamente pero cada vez estamos más separados de ella en nuestra Facultad, lo que no sucede en todo el país. (Curiosamente las universidades que otorgan el título sólo de licenciado en ciencia política o ciencias políticas, son universidades privadas: 13 de 17).
5° La última independencia fue de las ideologías para convertirse en ciencia, para crear y transmitir conocimiento.
Los logros son, pues, muchos. Y sin embargo se ha llegado a afirmar que la ciencia política mexicana está en crisis. Es muy socorrido decir que algo está en crisis, aún cuando se carezca de fundamento. La ciencia política no está en crisis ni en México ni en el mundo. Baste ver la cantidad e importancia de universidades que en el planeta enseñan la disciplina; baste ver la enorme de cantidad de trabajos elaborados, tanto en libros individuales como colectivos, en artículos en revistas académicas e incluso en revistas de difusión; baste consultar los folletos de editoriales de todo el mundo para ver la gran variedad de publicaciones que ahí aparecen. México no es la excepción. En los últimos 30 años han aparecido cada vez más libros y artículos de ciencia política.
Por otro lado, el crecimiento de la carrera ha sido notable. En nuestro país en los inicios del año escolar 1985-86, según una investigación que realicé hace años, la carrera sólo se impartía en 16 universidades, en tanto que hoy, según la investigación de la maestra Carmen Roqueñi, a quien agradezco la gentileza de la información, existen 72 lugares donde se imparte ciencia política, la mayoría junto con administración pública. Son lugares porque algunas universidades tienen diversas sedes [por ejemplo la UNAM 2, la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) 4, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) 2, el Tecnológico de Monterrey 2, etc.] Hemos pasado de 16 a 72 sedes en poco más de 20 años.
Respecto a la matrícula, en 1985-1986 en aquella investigación mía y con datos de ANUIES, había 4892 alumnos de ciencia política (siempre junto con Administración Pública, porque ANUIES no hacía la diferenciación) mientras que para el ciclo 2007-2008, según la mencionada investigación de la maestra Roqueñi, había 11588, es decir casi 7000 estudiantes más.
Respecto al ámbito laboral, cada vez encontramos un mayor número de politólogos en el sector público y en universidades diversas. A finales de los 60's nadie, fuera del ámbito propio, sabía lo que era un politólogo. Hoy el término es de mucho mayor conocimiento, aunque muchas veces se sigue desconociendo o confundiendo.
Los logros de la ciencia política son muchos. Una ciencia que ha crecido y se ha desarrollado gradualmente, superando obstáculos, independizándose de factores externos para constituirse en una ciencia autónoma con una planta docente propia que sustituyó a la de otras disciplinas; una matrícula creciente en número y en universidades de toda la república; con investigadores que han creado su propia obra y publicádola en libros y revistas, algunos de los cuales han recibido reconocimientos nacionales e internacionales; con profesionales en las más variadas ramas del sector público. Y en todo esto la Facultad, con su Centro de Estudios Políticos ha sido pieza fundamental. La ciencia política mexicana no podría entenderse sin la existencia del Centro de Estudios Políticos y de la Facultad, lo que no puede decirse de ninguna otra dependencia del país.
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